Un recital en el adiós de Pep (0-3).

Los blaugranas pasan por encima de un rival superado por las circunstancias. Segundo batacazo en dos semanas para Bielsa, que nunca dio con la tecla. El doblete de Pedro y el gol de Messi resolvieron antes de la media hora.

Hace 12 años por unsko
Barca campeon

Jugaron chiquillos contra hombres, chavales que empiezan frente al mejor campeón de los tiempos recientes. Fue un baño del Barça, el último vals de Pep Guardiola, una exhibición con todas las virtudes con que se forjó la leyenda azulgrana. El doblete de Pedro y la inevitable cita con la red de Messi destrozaron a un Athletic de nuevo superado por las circunstancias. Fue un repaso en toda regla, la coda de un ciclo glorioso, con la sublime actuación de Iniesta y Xavi. Si faltó algo, fue un abrazo más cálido entre Guardiola y Vilanova.

Fueron tres, pero pudieron ser siete para mayor escarnio del Athletic, pandilla desordenada, a merced del rival. Un pelele sin balón, un triste recuerdo de ese equipazo que sobrevoló por Old Trafford. Otra catástrofe para Bielsa, dos semanas después de la final de Bucarest. Idéntico pánico inicial, traducido en tres ocasiones y un gol en contra en apenas dos minutos. Para hacérselo mirar. Para acabar incluso con la moral con los más de 20.000 hinchas que teñían la noche de rojo y blanco. Desde la primera llegada de Messi, a los 26 segundos, fruto de una recuperación de Mascherano, quedó patente que aquello iba a ser un recital.

Iniesta, Xavi y Busquets

Pasó el balón silbando junto al palo izquierdo de Iraizoz y en la siguiente, con el centro atrás desde la izquierda, no marcó Pedro de misericordia. El córner, mal defendido por Llorente y Javi Martínez, lo completó el canario con la tibia y a placer. La mejor recompensa para el '17', que llegará a la Eurocopa como un misil. Puede que no dé puntadas de seda, aunque su profundidad por la izquierda fue una de las claves del éxito azulgrana. La otra, la principal, llevó la firma de Iniesta, Xavi y Busquets.

Con ellos tres bordó el fútbol el Barça, con una soltura y un poderío estremecedores, para resolver toda una final de Copa en menos de media hora. Volaban los azulgrana y el balón se movía demasiado deprisa para Ibai Gómez o Javi Martínez sustitutos de los griposos Iturraspe y Ander Herrera. Atrás, Equiza junto a Amorebieta. Arriba, sin sustento, Muniain y Llorente. Entre medias, nada de nada.

Superado en todos los frentes, el Athletic se alivió con pelotazos de 50 metros, pan comido para Piqué y Mascherano. Nada de comprometer al novel Montoya en el lateral o de intentar ganar superioridad en el medio. En su lugar, pérdidas reiteradas y tropezones varios. Tanto, que al cuarto de hora, Messi pudo hacer más diferencia con zurdazo desde la frontal, salvado en la acrobacia por Iraizoz. Su advertencia previa al gol, facilitado a medias por el pase de Iniesta y la indecisión en el achique de Amorebieta. Más que una final, aquello era un baile.

Ni una falta en el primer tiempo

Flotaba por la hierba el Barça, ocupando los espacios, elegante siempre, resolutivo cuando quiso. Con los giros de Xavi, los aleteos de Iniesta y los acelerones de su tridente ofensivo. En una de esas, Pedro la colocó al rinconcito abajo y se fue a la banda para dedicarlo a Abidal. Por mucho que faltasen 70 minutos, el título ya se celebraba en Canaletas.

De Pinto nada se supo hasta poco después, cuando interpuso los puños a un empalme de Susaeta. Y tampoco hubo noticia de Fernández Borbalán hasta que calló tras un agarrón de Piqué a Llorente en el área. Antes del descanso, la tarea del árbitro se redujo a 10 faltas, ni una sola de ellas azulgrana. Pueden imaginar que apenas quedó memoria del segundo tiempo.

Aparecieron Íñigo Pérez y Herrera, por mover el árbol de los cambios, nada más. Y erró la vaselina Ibai Gómez, mano a mano ante el portero. Recostado en la tumbona, dejaba hacer el Barça, descontando los minutos para recibir el trofeo de manos del Príncipe. Para huir de lo previsible, algún eslalon de Messi (eludiendo el marcaje individual de Amorebieta) y los detalles de Iniesta (para el gozo suizo de Del Bosque). No marcó el cuarto el Barça, aunque Guardiola y Tito escenificaron el relevo con un achuchón en el banquillo. No fue la cima del cariño. Del mismo modo que lo que viene nunca será como lo que se fue.

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