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Cuando los goles se aplauden desde casa

Hace 5 años
Sin título

La emoción de un campeonato único en muchos aspectos

Asistimos a un campeonato apasionante. Aunque no podemos obviar la excepcionalidad de la competición en este 2020-2021, y la manera en que la pandemia condiciona cada uno de los rincones de los estadios: desde las butacas donde habitualmente los espectadores animan de manera incansable a sus equipos, hasta el vacío túnel de vestuarios o las nuevas salas de prensa al aire libre, en la que los periodistas esperan su turno para
preguntar desde la distancia, con perchas para micrófonos excepcionalmente largas.

El mundo atraviesa un momento especialmente delicado, y en esta situación los deportes pueden entretenernos e ilusionarnos más que nunca. Son tiempos de permanecer en casa, y el espectáculo del fútbol en directo vuelve a ser uno de los mejores compañeros de salón. Participar en los mismos mediante un portal de apuestas deportivas como Mr Green, añade un punto de emoción extra a nuestros eventos deportivos favoritos.

Y es que ver deportes supone una conexión con la antigua normalidad, y vivir de nuevo el fútbol, aunque sea oyendo a los propios jugadores llamarse por su nombre, o con las butacas de los imponentes estadios mostrando de momento aficionados virtuales, trae la esperanza de que volveremos a celebrar el triunfo de nuestros equipos.

Pocos fichajes, grandes reencuentros

Además, en lo que se refiere a competitividad, a pesar de un mercado de fichajes mucho más tranquilo que el de cualquier otro año, nadie puede negar que se trata de un campeonato único, por el momento en que atraviesan los habituales favoritos, y por las emergentes figuras de un Atleti que asiste expectante al despertar de su joven estrella Joao Félix, o de un Sevilla incontestable en Europa, y que vuelve a unir su camino con el croata Iván Rakitic tras seis años. El del centrocampista sin duda se trata de un ilusionante retorno, y una alegría para los aficionados sevillistas, por el regreso a lo que el futbolista siempre llamó su casa.

Seguro que volveremos a viajar, y a jalear los coloridos autobuses en la entrada a los clásicos, seguro que cantaremos de nuevo bandera y bufanda en mano, siguiendo a nuestros jugadores a las ciudades de equipos rivales, e incluso a otros países, para aquellos afortunados que, cuando todo mejore, puedan adaptar sus viajes a los ilusionantes retos que tienen lugar en la UEFA Europa League o la liga de Campeones.

Por cierto, precisamente en esta última donde los equipos españoles habrán de andarse con ojo si quieren seguir enganchados a una competición en la que parece que el dominio de un intratable Bayern de Múnich podría seguir reinando un año más. Parece que el empate del Real Madrid sobre la bocina en la segunda jornada presentaba un equipo que apelaba más a la casta que al dominio sobre el terreno de juego frente a un muy motivado Borussia Mönchengladbach. Equipo en el cual, en una de las bonitas casualidades del fútbol juega Marcus Thuram, hijo del mítico Liliam, a quienes los más jóvenes no recordarán proclamarse campeón del mundo con Francia en 1998 junto al ahora entrenador del Real Madrid Zinedine Zidane.