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Terra Deportes

JESUS ANGEL CASTRO, EL ANGEL DE LA PORTERIA, HERMANO DE QUINI.

Quiero homenajear a este gran hombre que dio su vida por salvar la de otros.Todos sabeis que soy del Real Oviedo y el era del Sporting de Gijon,RIVALIDAD AL MAXIMO,Sin embargo hay que quitarse el sombrero mil veces ante esta persona.Q.E.P.D.

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PLACA HOMENAJE DE SU MUERTE.

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En el fútbol, como en la mayoría de deportes, se suelen ver pocas parejas de hermanos rindiendo en la más alta competición. Y es que para llegar a obtener un sitio en la élite el trabajo previo es muy duro y sacrificado, por lo que, en la mayoría de las ocasiones, alguien se suele quedar en el camino. En España, afortunadamente, hemos podido disfrutar de grandes sagas de deportistas. Una de ellas ha sido la de los Castro: Jesús y Enrique. Dos hermanos que dejaron huella en el fútbol precisamente por ejercer dos roles antagónicos: el primero se encargaba de evitar los goles y el segundo siempre tenía la portería entre ceja y ceja. Normalmente, siempre que se habla de ellos se suele destacar a Enrique, también conocido como Quini. Sin embargo, la historia de Jesús también merece ser contada.

Jesús, al que también conocían como Chusi, inició su carrera junto a su hermano en el Bosco Ensidesa, un equipo juvenil que les pillaba a ambos cerca de casa. Allí destacó por ser un portero sobrio y con una gran agilidad bajo los palos. Cualidades que hicieron que Jesús Barrio recomendara su fichaje al Sporting de Gijón allá por el año 68. El club rojiblanco viendo los buenos informes que había recibido de Barrio no dudó en contratarlo y el 14 de abril de ese mismo año debutó con el conjunto asturiano.

No tuvo mucha suerte aquel día, ya que el Sporting perdió 4-2 con el Celta de Vigo. Sin embargo, se afianzó en la portería de El Molinón y logró convertirse en uno de los jugadores más destacados del centenario equipo tras disputar hasta 1985, año en el que se retiró por unos problemas que le aquejaban en la espalda, 471 partidos oficiales con los sportinguistas. En aquel tiempo logró disfrutar de dos ascensos a Primera División, un subcampeonato de Liga y de varias clasificaciones para la Copa de la UEFA. Hechos que hicieron que el Sporting pasara por la mejor etapa que haya pasado jamás.
En aquel tiempo, Chusi logró ganarse a la parroquia y al vestuario sportinguista, además de por sus paradas, por la inmensa humanidad que desprendía. ?Un chaval fantástico, increíble. Recuerdo además que había veces que le aplaudían en el campo y se ponía colorado de tímido que era. Por eso le llamábamos Manzanón?, relató Vicente Miera, uno de los técnicos que tuvo en su carrera. Y es que hasta los que habían luchado por un puesto en la portería con él sólo tenían buenas palabras hacia su persona. Carlos García Cuervo es un ejemplo de ello: ?No hay cinco jugadores con el nivel humano de Castro. Generoso, desprendido, amigo de sus amigos, todo un ejemplo a seguir como futbolista y como persona?.

Sin embargo, lo que era una de sus cualidades más destacadas para él acabó convirtiéndose en algo trágico. El 23 de julio de 1993 se encontraba de vacaciones en la localidad de Pechón, en Cantabria, cuando de repente vio que una familia inglesa con dos niños se había adentrado demasiado en el mar pese a que en la playa ondeaba la bandera roja que prohibía bañarse. Jesús vio cómo los niños que estaban en el agua, de siete y nueve años, corrían un riesgo serio de morir ahogados. Por ello, acogiéndose al instinto del que siempre había hecho gala como portero, no dudó un segundo en lanzarse al mar para rescatarlos. De hecho, la semana anterior había pasado por una situación similar y logró evitar la tragedia.

Sin embargo, esta vez no fue así. Los niños, gracias al coraje y pundonor de Chusi, lograron acercarse a la orilla y sobrevivir, pero el portero no corrió la misma suerte. Una fuerte marea le impidió salir del agua y murió ahogado. A su funeral, celebrado en la iglesia de San Nicolás de Bari, situada en Avilés, la localidad que le vio crecer, acudieron miles de personas. Todos querían despedir a un buen portero y a una mejor persona. Tanto que aquel día comenzó a gestarse la leyenda de Jesús Castro. Aquella que dice que cada vez que en El Molinón alguien se queda sin marcar es porque su espíritu andaba presente para evitarlo. Si no dudó en arriesgar su vida por unos niños a los que no conocía ¿no iba a hacer lo mismo por su Sporting?

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Anónimo
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