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La gran fiesta y el trofeo de caza

LUNES, 13 FEBRERO 2012

Se han pasado años adelantando los éxitos del Madrid, asegurando sus fracasos, y ahora adelantan el entierro del mejor Barça de la historia, capaz de eclipsar al mejor Club del Siglo XX, el Real Madrid.

Leída 231 veces Publicado por ilicitano1967, Hace 3 meses Detalle de votos
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Obligado por un gran Real Madrid a ser perseguidor y no referencia, el Barça perdió el equilibrio en un salto sin red. Agrandando su trauma como forastero, dimitió en las heladas praderas del Reyno de Navarra, amartillando sus urgencias, reaccionando cuando ya era demasiado tarde. Derrota, tiempo de reproches. El primer señalado, Guardiola. Dicen que hizo concesiones en la alineación. Que prescindir de Xavi, Iniesta o Fàbregas fue temerario. Que tiró a la basura la Liga. No hay caso. Guardiola, explícito al confesar que su equipo está al límite y que la exigencia del Madrid es muy alta, tomó una decisión impopular. Con la Champions por delante y un calendario exigente, no quiso arriesgarse a que las piezas clave de su equipo se rompieran. El debate, servido: el viejo vicio de criticar las alineaciones una vez vistos los partidos. Que le pregunten a Mou, criticado hasta la extenuación por alinear al mejor equipo posible en el Camp Nou, encajando un 5-0. El mismo Mou que repitió esa misma alineación y que amenazó la hegemonía del Barça jugando muy bien a fútbol, coleccionando alabanzas por alinear a los mismos jugadores que se llevaron una 'manita' ante los de Guardiola. La realidad es que el Barça siente las piernas de madera y que necesita recuperar atención e intensidad. Pero el crédito de este equipo, infinito por lo que ha ganado y por cómo lo ha ganado, concede una duda más que razonable. Lo amargo en febrero puede acabar siendo dulce en mayo.

Guardiola, ayer modélico ante la prensa y censurable en su actitud hacia el asistente, está tomando decisiones que, como en el caso de Mourinho, no responden a ninguna improvisación. La de Pep pasa por reservar a sus mejores activos para culminar la temporada en plenitud, no con la lengua fuera. El presente es del Madrid. El futuro aún está por escribir. Guardiola, ese pecador impenitente cuyas aberraciones responden a ganar 13 títulos de 16 posibles y perder dos partidos en Liga, está preparado para afrontar un desafío mayúsculo, mientras los altavoces mediáticos se apresuran a enterrar con cal viva al mejor Barça de la historia. Hoy, que aparecen las primeras grietas en un barcelonismo que vivió acomplejado y prendido del quejío arbitral hasta hace unos años ? un partido dispara su frágil memoria y el alzheimer- la coreografía azulgrana afronta el último tramo de la temporada. El año pasado el Madrid estuvo de sobresaliente y su único problema fue que el Barça alcanzó la matrícula de honor. Este curso, los papeles se han invertido, aunque con una diferencia importante. La temporada acaba en mayo, no en febrero.

Los trompeteros del fin de ciclo están de fiesta. Olfatean el siniestro total y reservan primera fila de patio de butaca. Es comprensible. Se han pasado años adelantando los éxitos del Madrid, asegurando sus fracasos, y ahora adelantan el entierro del mejor Barça de la historia, capaz de eclipsar al mejor Club del Siglo XX, el Real Madrid. De ahí que los inventores del villarato, el canguelo y el cagómetro estén comiendo perdices. Celebran el fracaso ocasional de un equipo al que han ultrajado durante tres años de intenso trabajo de demolición, fabulando conspiraciones arbitrales, sospechas federativas, ataques a la unidad de España e insinuaciones de dopaje. Los falsos profetas, que odian a Pep por representar el buenismo, hoy se bañan en confeti. Han puesto a enfriar el cava y se han sentado a esperar el siniestro total del Barça. Cuando se produzca, exigirán la cabeza de Guardiola, el trofeo de caza con el que les gustaría adornar el salón de su casa.

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