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Academia de abusos

Regis de Camaret, entrenador de tenistas profesionales francesas, condenado a ocho años por la violación de dos de sus alumnas.

Juez

Imagen subida por: gimnastiquero

Isabelle Demongeot conquistó el título de campeona de Francia en 1989, tres años después de alcanzar los octavos de final en Wimbledon. Alzó más trofeos acompañada (9) que sola (1) y a finales de los 80 y comienzos de los 90 representó a Francia en la Copa Federación como segunda raqueta del equipo que lideraba Nathalie Tauziat, su compañera en los dobles, su amiga de la adolescencia, de la academia, el Tennis Club des Marres, en Saint-Tropez, en la Riviera Francesa, donde huele a tenis añejo, a Suzanne Lenglen, pero también a crimen, vicio, abuso, horror, a Regis de Camaret, el entrenador que violaba a sus alumnas y que tras una larga batalla legal de sus víctimas ha sido condenado a ocho años de prisión e inhabilitado de por vida para la enseñanza del tenis.

Demongeot no había cumplido 14 años cuando sufrió la primera agresión de su técnico, un profesor sin título que curiosamente entrenó a las dos mejores tenistas del momento, Tauziat y ella, que encontraba tiempo para dar algunas lecciones al entonces presidente de la república, Valéry Giscard d'Estaing, un hombre que no confiaba en los libros, inventor de un método propio con servicio de habitaciones incluido. En su escuela, las chicas se quedaban a dormir.

No fue en la academia sino en el cuarto de un hotel, donde en 1980 Demongeot conoció la otra cara de De Camaret. Aquella noche compartieron estancia 'por dificultades económicos', argumentó el entrenador. 'Fui incapaz de resistirme. Era un cuerpo de niña contra uno de adulto. Me dijo que no tuviera miedo, que él se encontraba allí para educarme en el sexo', recuerda la tenista de 46 años que, según su testimonio, fue violada repetidamente entre los 13 y los 22 (1980-1989).

Isabelle lloraba y callaba. No abrió la boca porque, como sus compañeras, las de su generación y otras que llegaron después, se sentía atemorizada ante la figura de su verdugo, ante sus 'amenazas'. Cuando en 2005 reunió fuerzas para acudir a la Justicia, otras 15 tenistas, a muchas de las cuales no había visto nunca, se sumaron a sus denuncias. Todos los casos se habían producido entre 1977 y 1989. En 2005, para la Justicia francesa todos los casos, salvo dos, los de Stephanie Carrouget y Karine Pomares, habían prescrito. Dos años después, Demongeot publicó 'Service volé' (Saque Robado), donde servía al público los detalles de su sufrimiento y el de otras chicas.

De Camaret mantiene que a Carrouget sólo la 'tocó', mientras que su relación con Demongeot fue 'consentida' por la jugadora. De una manera u otra, ya por falta de evidencias, ya por la antigüedad de los hechos, el técnico sorteó todos los procesos en su contra hasta que en mayo del año pasado el tribunal de Casación anuló las sentencias anteriores y después la corte de Apelación de Lyon reabrió el caso contra el técnico de 70 años por violación de dos menores e intento de violación de otras. El juez a cargo escuchó los testimonios de un total de 26 antiguas alumnas del club. Entre ellas, el de Tauziat, que no acudió en defensa de su antigua compañera de dobles sino en la del entrenador, con el que comparte la tesis de que todo forma parte de un complot contra él.

¿Complot? 'Estas chicas no son de la misma generación, no se conocen entre ellas y los hechos denunciados se extienden diez años en el tiempo', explica Demongeot. El fiscal había solicitado entre diez y 12 años de prisión para el acusado, finalmente declarado culpable por un jurado y condenado a ocho años. La sentencia resonó en la sala y los sentimientos se mezclaron. Sonrisas y lágrimas entre las víctimas y un gesto impasible, de mármol, en el rostro de Regis de Camaret. 'Hoy ingresará en prisión. Hoy la vergüenza ha cambiado de bando. Ha sido un largo combate del que salimos muy tocadas, vacías', concluyó Demongeot, que a pesar del trauma nunca dio la espalda al tenis y tras su retirada en 1996 entrenó a Amélie Mauresmo (1999-2002). 'A mí me ha destruido la vida'.

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